Napolitano — La creación

Nápoles es una ciudad como ninguna otra.
No la belleza ordenada de Florencia, no la serenidad de Venecia, sino algo más crudo, más vivo, más solar.
Las fachadas de los edificios del Spaccanapoli son amarillas, ocres, anaranjadas, colores que parecen haber absorbido siglos de sol mediterráneo y que los devuelven incluso en días nublados.
En Nápoles, la luz no solo viene del cielo. Viene de las paredes.

Napolitano lleva esa luz.

El punto de rejilla calado despliega su red de cuadrados abiertos en un amarillo sol que capta la luz y calienta la mirada, franco, luminoso, sin ambigüedades.
Ese amarillo que huele a Mediterráneo, que evoca los limones de Amalfi, los girasoles de la Toscana, el sol del mediodía sobre los adoquines de Nápoles.

El cuello redondo enmarca la silueta con sobriedad.

Las mangas largas y acampanadas crean un movimiento particular: se ensanchan hacia abajo con una generosidad que recuerda a las mangas de los vestidos medievales, pero en una versión ligera y moderna.
Cuando se levantan los brazos, las mangas se abren como alas.

Napolitano se lleva con unos vaqueros negros o unos pantalones oscuros para dejar que el amarillo domine.
Con sandalias doradas para el brillo mediterráneo, alpargatas naturales para la despreocupación.

Napolitano es el crop top que dice que la alegría no necesita ser discreta.

Completamente tejido a ganchillo a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi – Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.

 

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