Violeta — La creación

La historia cuenta que un oficial del ejército de Napoleón III, de regreso de la campaña en Italia, trajo a su prometida tolosana un regalo de Parma: plantas de violeta. Viola odorata — la violeta de Parma, más grande, más perfumada, más generosa que las violetas silvestres del bosque.
Se aclimató tan bien al suelo tolosano, a la dulzura del clima del Suroeste, que se convirtió en la flor emblemática de la ciudad rosa. Se hicieron ramos, cristales, licores, perfumes. Se convirtió en una identidad.

Incluso hoy en día, en las viejas calles de Toulouse, se encuentran violetas. En los mercados, en las tiendas, en los jardines.
Ese perfume discreto y cautivador —ni demasiado fuerte ni demasiado tímido— que flota en el aire cálido de la primavera y que recuerda algo que quizás nunca hemos vivido pero que, sin embargo, reconocemos.

Violeta nació de ese perfume.
De ese color preciso —el violeta Parma, ni demasiado azul ni demasiado rosa, luminoso y suave a la vez— que es exactamente el color de la violeta de Parma.

La construcción juega con la alternancia de texturas como una variación sobre un mismo tema.
Las bandas horizontales se corresponden: el punto de red calado, transparente y ligero como un pétalo.
El punto abanico y conchas, más denso, más generoso, que da volumen y movimiento.
Estos dos registros se alternan con regularidad, creando un tejido que respira, que ondea ligeramente, que vive.

Escote barco ligeramente evasé, mangas casquillo cortas integradas, borde festoneado de conchas en la parte inferior.

Corte recto ligeramente ajustado que se adapta a la silueta sin constreñirla.

Un violeta que no necesita justificación.

Completamente tejido a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi — Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.

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