Vestita — La creación
El corazón es el símbolo más universal que la humanidad ha dibujado jamás.
Antes de la escritura, antes de los alfabetos, antes de las lenguas, el corazón. Se encuentra grabado en cerámicas neolíticas, bordado en trajes de novia en todos los continentes, tatuado en pieles desde hace milenios.
Atraviesa culturas, épocas, fronteras. Siempre dice lo mismo, en todos los idiomas: siento.
Vestita —la vestida, la que está ataviada— ha elegido este símbolo.
Y no lo susurra. Lo proclama.
La construcción comienza en la luz: el fondo de punto de red cuadrado de malla grande crudo/marfil luminoso despliega su trama calada por todo el vestido, transparente, geométrico, preciso.
Sobre este fondo inmaculado, surgen grandes corazones de color rojo brillante en punto tupido denso y muy en relieve. Asimétricos. Aleatorios. Por todas partes.
Como si hubieran brotado allí, espontáneamente, sin un plan preestablecido, porque los sentimientos no se planifican.
El cuello redondo con su amplio ribete de canalé crudo enmarca suavemente. Las mangas cortas abullonadas de red cuadrada idéntica añaden ese volumen inesperado que transforma la silueta.
La ancha banda de canalé crudo en la cintura estructura sin ceñir.
La banda calada en punto de rombos en la parte inferior y el amplio ribete de canalé crudo rematan la prenda con coherencia: todo se responde, todo se equilibra.
Vestita se lleva con stilettos rojos para una audacia total, botines negros para un contraste gráfico, sandalias nude para dejar que los corazones hablen por sí solos.
Es el vestido de San Valentín, y de todos los demás días en los que se quiere decir algo sin abrir la boca.
Completamente tejida a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi — Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.