Granada — La creación
Granada.
La ciudad se aferra a las estribaciones de Sierra Nevada como una promesa cumplida a lo largo de los siglos.
Los moros dejaron allí la Alhambra, ese palacio de encaje de piedra, de celosías, de estanques que reflejan el cielo.
Y por todas partes, en los azulejos, los tejidos, los vestidos de flamenco que giran en los patios, ese rojo.
No un rojo cualquiera: el rojo de Granada, profundo, cálido, que quema sin consumir.
Granada lleva este color como una bandera.
La construcción juega con la alternancia de dos puntos que dialogan como las dos almas de la ciudad: una estructurada, la otra libre.
Bandas horizontales de punto tupido estructurado, densas y precisas, alternan con bandas de punto calado en ondas, ligeras y movedizas. El punto tupido sujeta, ancla, construye. El punto en ondas respira, ondula, vuela.
Juntos, crean una textura viva que capta la luz de manera diferente con cada movimiento, como los reflejos en los estanques de la Alhambra.
El rojo es único: brillante a plena luz, se vuelve más profundo, casi granate, en la sombra. Cuello redondo, mangas cortas tipo capa, corte ajustado que llega hasta las caderas —
Granada se lleva con un vaquero negro o un pantalón blanco, y es suficiente. No necesita nada más.
Un rojo que no pide nada más que a sí mismo.
Completamente tejido a ganchillo a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi — Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.