Floravita — La creación
La flor de la vida es uno de los símbolos más antiguos que la humanidad ha trazado jamás. Se encuentra grabada en el templo de Abidos en Egipto, en los manuscritos de la antigua China, en los mosaicos de la antigua Grecia — dondequiera que manos humanas han buscado representar algo esencial, algo que trasciende culturas y épocas.
Leonardo da Vinci la estudió con esa pasión metódica que le caracterizaba por todo lo relacionado con la geometría de lo vivo. Veía en este símbolo —esos círculos que se entrelazan en una roseta perfecta, cada círculo pasando por el centro de los círculos vecinos— una representación de la armonía y la unidad del cosmos.
La prueba de que la naturaleza obedece a leyes matemáticas de una belleza absoluta. De que lo vivo es geométrico. De que la flor y la estrella y la célula y la galaxia comparten la misma estructura fundamental.
Floravita —la flor viva— nació de ese símbolo.
La construcción es de una precisión notable, casi arquitectónica.
El punto de red geométrico naranja coral vivo teje una red de rombos y hexágonos calados que cubre la prenda como un velo de luz estructurada — cada punto en su lugar exacto, cada abertura calculada.
Y en el centro, delante y detrás, el medallón de roseta floral beige dorado jaspeado en relieve emerge de esta red geométrica como la propia flor de la vida — círculos que se entrelazan, pétalos que irradian, armonía perfecta.
El cuello redondo con ribete cerrado enmarca con precisión.
Las mangas casquillo cortas están integradas en la construcción.
El borde festoneado con arcos naranjas remata la pieza en la parte inferior — ese movimiento ondulante que recuerda a los pétalos, las olas, los ciclos.
Una verdadera proeza técnica para la Mujer que ama el arte.
Y una forma de llevar consigo lo que Leonardo da Vinci contemplaba en sus cuadernos — la armonía y la unidad del cosmos.
Totalmente tejido a ganchillo a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi — Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.