Grecia — La creación

Ellada — así llaman los griegos a su país.
No Grecia, no Greece — Ellada. Una palabra que suena obvia, como algo que uno reconoce sin haberlo aprendido nunca.

Hay una imagen que siempre vuelve cuando pensamos en las Cícladas: el blanco de las casas contra el azul del cielo.
Este blanco no es un blanco cualquiera — es un blanco deslumbrante, casi agresivo bajo el sol del mediodía, que absorbe el calor y lo devuelve en luz.
Y este azul tampoco es un azul cualquiera — es el azul del mar Egeo, profundo y cambiante, que va del turquesa al cobalto según la hora y la profundidad.
Estos dos colores juntos crean algo inolvidable, algo que uno busca reencontrar mucho después de haber regresado.

Ellada nació de ese deseo — de reencontrar ese blanco y ese azul, de llevarlos puestos, de llevarlos a todas partes.

La construcción es de una ligereza casi inmaterial.
El punto de red cuadrada de malla grande de un blanco inmaculado crea un tejido transparente, etéreo, que deja pasar la luz y el aire como una brisa marina.
Y a través de este blanco, unas bandas horizontales de cadeneta azul celeste jaspeado — azul cielo, lavanda, gris mezclado — atraviesan la pieza como líneas de horizonte, como las capas de color que se ven desde una terraza de Santorini al atardecer.

El cuello redondo está ribeteado en azul celeste.
Las mangas casquillo muy cortas están integradas.
En los laterales, aberturas con lazada azul ajustable — ese detalle arquitectónico que permite ajustar la pieza a la silueta, de llevarla más o menos abierta según el estado de ánimo.
El corte es recto, ligeramente oversize.

El blanco y el azul de las Cícladas — llevados con una ligereza absoluta.

Completamente tejida a mano en mi taller francés.
Creación exclusiva Cachalabibi — Pieza única, un solo ejemplar en el mundo.

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